| 06 de Junio de 2010
PAN DE VIDA
En el Evangelio encontramos a Cristo que, luego de llevar su palabra a los miles que lo habían seguido, cuando es invitado por sus discípulos a despedir a esta gente para que pueda alimentarse, los conmina a que sean ellos quienes provean este sustento, es decir, los llama a unir el pan a la palabra que ya han recibido. Frente a la realidad de cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil hombres más mujeres y niños, Jesús no vacila y les dice: “mandadles que se sienten por grupos de cincuenta” (Lc 9,14)... la respuesta es unánime, nadie titubea, y los discípulos acomodan a la multitud. Cuando todo está dispuesto, el Señor actúa como el dueño de casa que recibe a quienes ha invitado y, siguiendo la tradición judía, “tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente” (Lc 9,16). Comieron hasta la saciedad y sobraron doce canastos de alimentos.
Como vemos, “Jesús sabe unir el pan y la palabra. Los separatismos de quienes dan la palabra y se olvidan del pan o de quienes se obsesionan por dar el pan y dejan para tiempos mejores el dar también la palabra, poco tienen que ver con la integridad del evangelio. Jesús se preocupa de los hombres que lo escuchan. No sólo de sus cuerpos. No sólo de sus almas. No separa lo que está unido” (José L. Martín Descalzo, “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”). Pero esta integración no queda clara a los que comieron de ese pan: “Jesús llama la atención sobre el hecho que no han entendido la multiplicación de los panes como un signo – como era en realidad -, sino que todo su interés se centraba en lo referente al comer y saciarse (cf.Jn 6,26). Entendían la salvación desde un punto de vista puramente material, el del bienestar general, y con ello rebajaban al hombre y, en realidad, excluían a Dios... Pero el hombre tiene hambre de algo más, necesita algo más. El don que alimente al hombre en cuanto hombre debe ser superior, estar en otro nivel... << Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed>> (Jn 6,35) (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret).
Vivimos en un mundo hambriento de ese Pan de Vida. Es la tarea que se nos ha legado frente a una sociedad intoxicada con bienes materiales... Jesús, que invita a su cena, nos dice: “Dadles vosotros de comer”.
+René Rebolledo Salinas
Obispo de Osorno










