| 14 de Junio de 2010
AMOR Y PERDÓN
Este domingo tenemos la oportunidad de escuchar una parte del Evangelio según san Lucas que nos muestra elocuentemente la visión que Cristo tiene del pecado al que condena sin concesiones, muy distinta de la mirada que da al pecador, más aún si éste se muestra arrepentido y dispuesto a enfrentar y enmendar sus errores. A Jesús, que vemos lleno de ira cuando expulsa a los mercaderes del templo o cuando condena la hipocresía de los fariseos (cfr.Mt 23), lo encontramos en el dolor de
El texto de Lucas nos presenta una escena con gran significado en este contexto de amor a los pecadores. Jesús está cenando en casa de uno de los fariseos a quienes condena con tanta energía, presumiblemente en la perspectiva de acercarse a quienes están lejos de sus enseñanzas, pero que no se muestran abiertamente hostiles a ellas. Pero, cuando está reunido con otros invitados, irrumpe en la sala una mujer, pecadora pública, que se arroja llorando a los pies de Jesús los que baña con sus lágrimas y seca con sus cabellos. Cabe imaginarse el escándalo en este ambiente de hombres apegados a las formas de
En este texto la mujer, centro y motivo del relato, no ha pronunciado palabra. Sólo se manifiesta con su presencia, sus actos y sus lágrimas, pero, sobre todo, por el amor que ellos traslucen. Es la respuesta agradecida a la persona de Jesucristo que, con sus palabras, ha transformado toda su vida, desde las más hondas raíces interiores. Es la réplica que el Señor espera de todos nosotros, una mirada de amor al prójimo en que nos pide lo busquemos. Alejemos al fariseo presto a condenar, que siempre está rondando al alma de cada uno, para dar paso a nuestro agradecimiento por todo el amor que Cristo nos regala, expresándolo en el servicio a nuestros hermanos.
† René Rebolledo Salinas
Obispo de Osorno









